La mujer que tú conocías, ya no existe.

La mujer que tú conocías, ya no existe.

Antes de comenzar a escribir sobre este hermoso y complejo momento en la vida de una mujer, me gustaría aclarar un par de cosas. 

Primero, no hay investigación, consejos, lecturas, cursos, brebajes, mantras, opiniones ni nada, absolutamente nada que nos prepare realmente para eso. 

Segundo, lo que escribo no es directamente desde mi experiencia sino una apreciación (que seguramente quedará corta) muy personal, compartiendo no solo con la que hoy es mi compañera de vida sino observando atentamente a las valiosas mujeres que me rodean. 

Y es que hablar sobre maternidad sin haber experimentado en carne propia esa acción devastadora y hermosa de la naturaleza es todo un reto que me dispuse a asumir con humildad y sobre todo, mucho respeto. Por eso me gustaría comenzar con una frase que se me quedó marcada en la memoria, que me dijo la madre de mi bebé «la mujer que tú conocías, ya no existe» contundente y en su momento pensé que era un poco radical, pero después de escuchar sus razones e indagar un poco más, veo que es cierto, pues cuando una mujer se hace madre, literalmente es una transformación que va desde la consciencia hasta la piel, nunca vuelves a ver el mundo de la misma forma, es como estar perdida en otro planeta y sólo tus instintos te guían y aún cuando todo puede salir mal, de alguna manera consigues que salga bien, porque escuchar a tu cuerpo se convierte en algo vital, porque aunque estés asustada, cada célula de tu cuerpo guarda memorias ancestrales que te indican el camino. Es tan dramático todo el proceso que si no se trata con el respeto y la paciencia que requiere, puede revertirse en tu contra y causar un caos. 

Lo ideal para enfrentar ese momento es la compañía de quien te haga sentir paz, la comprensión y la paciencia de quien cuenta las estrellas y no se cansa, el respeto y el espacio que se le da a una hembra en la naturaleza cuando tiene a sus cachorros. En ese momento no hay espacio para juicios egoístas, no hay lugar para personas desconsideradas que te digan que «las hormonas te están volviendo loca» porque aunque eso es lo que parece a simple vista (lo digo porque he tendido en primera fila momentos en los que parece que ella es toda emociones y cero razones) pero siempre existe un motivo que dispara ese estado de alerta. Debo decir que no es algo fácil de digerir y que seguramente no le he brindado el nivel de compresión que ella ha necesitado, porque en muchas de esas crisis, yo quiero entender desde mi lado racional algo que muchas veces sólo necesitaba un abrazo y ninguna pregunta, porque es imprescindible tener mucho tacto para comprender los niveles de soledad que una mujer siente después de dar a luz, si, soledad, es la palabra que ella utilizó para describir lo que sentía, que no tenía nada que ver con compañía sino más bien era un tema de introspección donde ella ha llegado a sentirse sola en el proceso. 

Claro que no todo es un coctel de hormonas deprimiendote, también es realmente mágico y conmovedor ver como se va desarrollando ese vínculo entre la madre y su cachorro, a 5 meses del nacimiento de nuestro hijo, sigo maravillada de la conexión y complicidad que existe entre esos dos,  me invade la ternura y quiero silenciar el mundo cuando ella le canta una canción. Realmente dar a luz, traer un ser a este plano y entregarle toda tu existencia sin que te importe absolutamente nada más, es un acto para valientes, uno que reconozco no es para cualquiera, yo, en lo personal tomé la decisión consciente de no atravesar ese proceso y aún cuando tengo un cachorrito en mi vida y acabo de iniciar una familia, estoy ejerciendo un rol bien específico y siento que no se acerca al de una madre, porque lo que mi bebé siente por su mamá es algo que yo no puedo ni quiero suplir, porque si algo respeto y admiro es la forma en que la naturaleza ha hecho las cosas en nuestras vidas y como ella usa todos sus instintos para ser la mejor mamá que nuestro Kalet pueda tener.

Y si alguien se pregunta porqué la imagen de una perrita con su cachorro, pertenece a un hermoso recuerdo personal de una de las madres más nobles y llenas de luz que esté mundo ha tenido, una historia que tal vez un día nos animemos a contar.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Maria

    Qué hermoso escrito, jamás vuelves a ser la misma

  2. Carla

    A miles de kilómetros recibí la luz <3. Me encantó.

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